Juan Pablo II y la Iglesia de Ruanda

Théotime Gatete es hoy sacerdote en la Parroquia de Gihara, fundada por misioneros vascos fidei donum. Fue ordenado un año después de la visita del Papa a Ruanda (el 14 de julio de 1991), pero tuvo el privilegio de ser uno de los diáconos del servicio litúrgico durante la misa celebrada por el Papa Juan Pablo II en Kabgayi.



En 1990, durante un viaje apostólico por diversos países africanos, el Papa Juan Pablo II celebró el 8 de septiembre en Kabgayi (Ruanda) una Misa en la que ordenó a más de una treintena de sacerdotes ruandeses y algunos zaireños.

En aquella ocasión, Juan Pablo II dio “gracias al Señor por las muchas vocaciones ruandesas” y, en especial, dio las gracias “a las familias cristianas que favorecen el desarrollo de estas vocaciones y que estiman y aman “al sacerdote y a la persona consagrada”. Asimismo, recordó “la meritoria labor de los primeros misioneros; en particular, los primeros obispos de Kabgayi (Hirth, Classe y Deprimoz), que formaron el clero nativo y crearon las congregaciones locales “Bayozefiti, el Benebikira y Bizeramariya”, sin miedo y haciendo “grandes sacrificios” por el Evangelio.

Théotime Gatete recuerda aquella “jornada espléndida, de sol radiante”, donde “la alegría era visible en todos los rostros de los miles de personas que vinieron a encontrarse con el Papa; y que procedían de todos los rincones de Ruanda e, incluso, de los países vecinos”.

Théotime afirma que “la visita del Papa despertó un gran entusiasmo en el pueblo católico de Ruanda” y en todo el país, que “en sus diversos componentes socioreligiosos, le recibieron y le acogieron con alegría”.
La visita “trajo muchos frutos espirituales”, aunque −como recuerda el sacerdote− “inmediatamente después tuvo lugar una gran crisis social en Ruanda con el inicio de la llamada guerra de octubre (1 de octubre 1990), que culminó en el terrible genocidio contra los tutsis en abril de 1994”.

Sin embargo, con la excepción del triste paréntesis de 1994 a 1995, las vocaciones sacerdotales y religiosas no han dejado de crecer y aumentar, a pesar de la guerra y su cortejo de desgracias.

Según el sacerdote ruandés, “el Papa Juan Pablo II tuvo una gran influencia sobre la fe de la Iglesia de Ruanda”. “Su canonización es sin duda una bendición, una gracia, para la Iglesia de nuestro tiempo. Él nos ha transmitido el coraje de la fe, especialmente en los últimos días de su vida terrena. Nos ha mostrado el carisma de la misericordia divina en la institución de la Iglesia. Él sedujo a la juventud para ganarla a la causa de Cristo. Fue un gran comunicador de la fe en la sociedad moderna. Fue un gran apóstol del amor, la reconciliación y el perdón”, concluye.


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