Habla el primer misionero de los Sagrados Corazones ordenado por un Papa

Petero Nolasko Mbyaliyehe fue ordenado sacerdote en su país por Juan Pablo II el 8 de septiembre de 1990 durante un viaje del Papa a Ruanda. Se convertía así en el primer sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María ordenado por un Papa. Como ejemplo de una vocación surgida en territorio de misión, el testimonio de quien es hoy misionero en Argentina, adquiere especial protagonismo teniendo en cuenta que la canonización del Papa que le ordenó sacerdote tendrá lugar el 27 de abril, el mismo día que celebramos la Jornada de Vocaciones Nativas.


-¿Qué recuerdos tienes de tu ordenación por el Papa Juan Pablo II?
Me ordenó el Papa Juan Pablo II en su viaje apostólico a Ruanda del 7 al 9 de septiembre de 1990. La ordenación fue el día 8, en Mbare, de la Diócesis de Kabgayi. Mi Congregación de los misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (Mallorca) cumplía 100 años de su fundación por el venerable padre Joaquim Rossello. Para mí fue una gracia especial a nuestra Congregación y a mí particularmente.
Cuando llegó el que era superior general en aquel tiempo, el padre Pedro Maria Aznarez (ahora vive en mi misma Delegación del Plata), me dijo que era el primer congregante ordenado por un Papa, obispo de la diócesis de Roma. Desde el mes de enero me había estado preparando, poco a poco, para este acontecimiento que no fue sólo una gracia para mí, sino también una responsabilidad.

-¿Cómo fortaleció la visita del Papa a la Iglesia en Ruanda, en especial en orden al fortalecimiento de las vocaciones?
Se produjo una mayor profundización de la práctica religiosa; con ello vinieron también persecuciones de algunos cristianos con la guerra que empezó casi inmediatamente después de la visita, el 1 de octubre de 1990. Algunos tuvieron la ocasión de defender su fe (en discusiones y hasta en momentos tensos de guerra). Con la visita del Papa, muchos jóvenes entendieron lo que era la Iglesia universal y surgieron mas vocaciones misioneras.

-¿Cómo ha sido tu vida sacerdotal desde entonces?
Cuando empecé a trabajar en la Parroquia de Kiziguro, de la Diócesis de Byumba, mi primer apostolado fue dar de comer a los heridos de la Guerra que estaban en el hospital. Así aprendí el Evangelio de Jesús: que para ser el primero hay que hacerse el último, y para ser grande el servidor de todos.

-¿Cómo influyeron los misioneros en Ruanda en el surgimiento de tu vocación, también en tu vocación actual de misionero en América Latina?
Los misioneros acompañaron el crecimiento de mi vocación, pues empecé a sentir la llamada de Dios a la vida sacerdotal en el momento de mi primera comunión, a los 10 años, con un cura del clero diocesano de Kibungo.
Al tener más inquietudes, conocí a los Misioneros de los Sagrados Corazones, que acompañaron la maduración de mi vocación, sobre todo en su aspecto misionero. Ahora, en América Latina, me siento realizado en lo que quería ya siendo estudiante.

Pensé siempre que mi vida sacerdotal debía ser una vida entregada a la Iglesia Universal, y que mi satisfacción sería recorrer nuestras comunidades anunciando el Amor de Dios que se manifestó en la historia humana en las personas de Jesús y de María. Me siento safisfecho de lo vivido hasta ahora. Creo profundamente que la gracia de Dios me va acompañando allí donde estoy, para seguir adelante a pesar de las dificultades de adaptación y de integración que requiere entrar en otras culturas.

Dora Rivas,
Comunicación con los misioneros, 
OMP España 



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