Vencer a Dios


Dios, el Todopoderoso, tiene un punto de vulnerabilidad; y nosotros, criaturas finitas, podemos vencerle por ahí con una sólo arma: la oración. Lo decía Tertuliano: a Dios se le puede vencer con la oración. Un arma para luchar por el bien, que se afila con una fe firme y perseverante.

La oración vence a Dios, y hay una batalla en la que es fundamental “ganarle”. Si su Hijo pidió que rezáramos por los obreros de la mies, que eran muy pocos, cómo no triunfaremos entonces cuando pedimos que el jornalero contrate nuevos operarios.

Oremos por quienes son llamados a la vida sacerdotal o religiosa en cualquier lugar. Tal vez sea más sencillo responder en nuestros países occidentales, donde las oportunidades para estudiar y la libertad para hacerlo están prácticamente garantizadas. Pero en algunos sitios donde la iglesia va asentándose poco a poco, los llamados territorios de misión, los jóvenes que son llamados por Dios no lo tienen tan fácil.

La llamada puede ser fuerte y los medios para realizarla demasiado débiles. Por eso, acompañemos con nuestra oración a esas vocaciones que han surgido gracias a la siembra de la fe hecha por los misioneros.


En la 51 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, recemos para que la Iglesia se afiance y crezca en los territorios de misión a través de generosas vocaciones sacerdotales y religiosas.


0 comentarios