“Hay que formar a las vocaciones, y formarlas bien”

P. Fernando Domingues, secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol se encarga de coordinar las ayudas a las vocaciones nativas y fomentar la solidaridad universal entre todas las comunidades cristianas.




Un tercio de los seminaristas del mundo dependen de las aportaciones a la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol.



Como secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol, usted tiene una visión amplia y panorámica de la vocación en el mundo. ¿Cómo describiría la situación?
Yo no soy ni optimista ni pesimista: soy realista. Yo veo que en la Iglesia la situación de las vocaciones es muy buena, porque en la mayor parte de las comunidades cristianas en el mundo hay abundancia de ellas. La dificultad que existe, sobre todo, es la de seleccionar bien a las personas, para evitar aceptar jóvenes que tienen otras motivaciones, de carácter social o económico. Así que en la mayor parte de la Iglesia tenemos una abundancia y calidad de vocaciones que nos llena el corazón de alegría.
Es cierto que en algunos lugares sí existe una falta de vocaciones, ante la que los pastores tendrán que preguntarse por qué y buscar dónde está la raíz del problema. No se puede simplemente pensar: “Dios hará un milagro y mandará vocaciones”. El Señor manda vocaciones donde hay comunidades cristianas vivas. Esta es la realidad.


¿Cuáles son las dificultades a las que tiene que enfrentarse un joven con vocación auténtica en los territorios de misión?
En muchos países, la mayor dificultad es el hecho económico. Aunque es cierto que la Obra de San Pedro Apóstol ayuda a los seminarios y noviciados, es imprescindible que las familias de los candidatos contribuyan también a la formación de los jóvenes. Es muy bonito ver que, en muchos casos, es la comunidad eclesial la que ayuda a su seminarista o a su chica que está en el noviciado a que siga adelante. Ya desde el inicio del camino, el joven siente que su vocación es fruto de su fe personal, de su familia, pero también de la comunidad eclesial que le apoya en todo el camino.


En ese escenario de trabas económicas, ¿por qué es importante la oración?
Es muy importante. Estoy convencido de que lo que lleva adelante las vocaciones es la oración de muchísima gente. Más allá de lo económico, la dificultad más grande es la de configurar el corazón, la vida, con la persona de Jesucristo, y esto es muy exigente. Es el trabajo del Espíritu Santo, y necesita el apoyo de la oración de las comunidades cristianas. Así que no basta dar un donativo en la Jornada de Vocaciones Nativas: es necesario continuar sosteniendo las vocaciones con nuestra oración. Ahí todos somos responsables y todos podemos colaborar. No hay nadie, ningún cristiano, que pueda decir que no le es posible hacer nada por las vocaciones nativas.


Muchas veces las vocaciones nativas nos suenan como algo lejano. ¿Qué tienen que ver con nosotros?
Las vocaciones nativas son parte de mi familia, porque la Iglesia es una familia universal. Somos todos miembros del mismo cuerpo: si soy una mano, y mi pie tiene dificultad, esto me afecta. Y si hay miembros de mi familia que, en India, en Papúa Nueva Guinea, etc., necesitan mi ayuda, es mi responsabilidad. Porque aquí, en España, yo soy miembro de esa familia, y si puedo hacer algo, lo debo hacer.


Entonces, la Jornada de Vocaciones Nativas no solo es una llamada a ayudar a las vocaciones, sino también a abrir los ojos a la universalidad de la Iglesia...
Por supuesto. Y no solo eso: es una posibilidad de hacer algo grande y bonito. Yo, que no salgo de mi pueblo, tengo una posibilidad muy concreta de ayudar a una comunidad cristiana en el centro de África o en una isla del Pacífico, para formar a sus futuros pastores y sacerdotes y religiosas. No es una obligación, es una posibilidad bonita que se me ofrece.


Vamos a celebrar la Jornada de Vocaciones Nativas conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. ¿Por qué rezar por todas las vocaciones del mundo y no solo por “las de aquí”?
Es importante respetar el trabajo que el Espíritu Santo está haciendo en la Iglesia. Hay zonas en ella donde actualmente casi no hay vocaciones. Sin embargo, vemos otras zonas donde el Espíritu está dando abundancia de ellas, y este un trabajo que no podemos despreciar. Hay que formar a las vocaciones, y formarlas bien, allí donde están. Si actualmente las vocaciones están en India o en África, eso quiere decir que es el Espíritu Santo el que está dando este don, y como tal hay que acogerlo y apoyarlo. Por eso, hay que responder positivamente y con alegría a lo que el Espíritu está haciendo hoy.


El lema de la Jornada es “Movidos por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»”. ¿Qué le sugiere?
El Espíritu Santo, que empuja a tantos jóvenes a responder con generosidad y a decir “Aquí estoy, envíame”, es el mismo que nos mueve a nosotros a rezar y colaborar por las vocaciones. Esta Jornada es tu oportunidad para contribuir al trabajo que el Espíritu Santo está haciendo en la Iglesia.


Paula Rivas
Revista Iluminare

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