Donativos, becas, colectas parroquiales y herencias para ayudar a las vocaciones en territorios de misión

Todos los años la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, celebra con toda la Iglesia la Jornada de las Vocaciones Nativas, que tendrá lugar este domingo 7 de mayo.



Gracias a la generosidad de los fieles, esta Obra lleva más de un siglo ayudando a las Iglesias de los territorios de misión (la totalidad de África, gran parte de Asia y varias de las diócesis más remotas y pobres de América) en la formación y sostenimiento de las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio. El año pasado, fueron nada menos que 27.000 los seminaristas ayudados en seminarios de Filosofía y Teología. Muchos de ellos serán sacerdotes ya este año. Durante 2016, gracias a la solidaridad de toda la Iglesia, la Obra de San Pedro Apóstol destinó casi 21 millones de euros para ayudar a las vocaciones nativas. Más de 1,7 millones fueron aportados por España.

La Obra fue fundada por Jeanne y Stephanie Bigard, en 1889. Dos mujeres laicas sin más medios que un corazón enamorado de las misiones. El primer seminarista que apoyaron fue un joven japonés del seminario de Kyoto.

La colaboración con la Obra de San Pedro Apóstol se hace a través de la oración y el ofrecimiento por las vocaciones de los países de misión y la cooperación económica por medio de colectas, como la de este domingo, donativos domiciliados, becas de estudio, herencias y legados.

Un ejemplo de esta colaboración lo tenemos en el seminario de San Antonio en Kachebere, Malaui, que ha cumplido 75 años. La Obra de San Pedro Apóstol no les ha fallado nunca a los cientos de seminaristas que han pasado por sus aulas. El año pasado se les enviaron 29.000 dólares para la cocina y 77.870 dólares para el sostenimiento de los 122 seminaristas.

También se puede colaborar a través de becas de estudios para seminaristas que se convierten en ayudas para las vocaciones de los territorios de misión. Se trata de una modalidad de colaborar en la formación espiritual, académica y pastoral de las vocaciones nativas.


Quienes deseen sumarse a esta corriente de cooperación en favor de las Vocaciones Nativas pueden crear una beca de estudios para ayudar a estos jóvenes que en los territorios de misión han sido llamados al sacerdocio o a la vida consagrada.


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